Me sorprendí mucho cuando hace escasos días, visité esta web del proyecto Convergencia RuNa, creado por consagradas figuras de la defensa de la naturaleza en España, que siempre han defendido al hombre rural, a los aprovechamientos tradicionales, frente a la arrolladora acción de la Administración forestal, en aquellos años donde la vegetación autóctona era fácilmente desplazada en pro de especies de rápido crecimiento, exóticas por regla general.
Encontré el artículo, titulado "Bosquicidio en Marruecos", que en mi humilde opinión, tiene algunas apreciaciones que son objetables teniendo en cuenta el entorno en el que se lleva a cabo, sobre todo, si se conoce un poco del contexto en el que se desarrolla la acción que se describe.
Enfin, la historia podría contarse de otro modo, tal que así.
El Cedre Gouraud, vivió durante unos 800 años de edad, en el monte de Azrou, ciudad de mediano tamaño (40.000 habitantes aproximadamente), en el medio Atlas, dentro del distrito forestal de Meknes, y en la carretera que une esta y la ciudad de Fes con Ar-Rachidia, la puerta del Sáhara por esta vía una vez que se atraviesa el gran espinazo montañoso del Atlas. Durante todo ese tiempo, se impregnó con las leyendas y relatos de los pastores bereberes, que aún no saben leer ni escribir, pero no por ello son incultos ni estúpidos. Se reúnen cada noche entre ellos o con su familia y se hablan y se transmiten las historias que el viejo cedro, y otros como él les cuentan. En los pueblos de la montaña marroquí, aún las gentes saben cantar y reír en grupo, y se reúnen para ello, haciendo música aunque sea con una simple lata o un cubo con el que un rato antes sirvieron la ración de grano a su jumento o montura. Estos pastores, tienen sus ganados en el monte de cedros, una maravilla natural y una joya botánica, que más que un monte, nos parece un jardín, acostumbrados como estamos los europeos a ver tal especie en condiciones totalmente antropizadas y domésticas. En su seno, los pastos son mejores que fuera del bosque, porque los rigores climáticos no son tan extremos, y la calidad de los suelos es muy superior.
El Cedro Gigante, no estuvo solo, aislado, como suelen estar muchos de los grandes árboles de la Península Ibérica, sino que forma parte de un monte público, del patrimonio nacional marroquí, que tiene unas 10.000 hectáreas de superficie y en el que se encuentran otros muchos congéneres de dimensiones notables y sobresalientes.
Durante unos quinientos años, el viejo cedro estuvo escuchando historias de pastores, de madereros, de viajeros, de comerciantes. No en vano, por estas montañas hubieron de trasegar muchas personas desde los tiempos en que se convirtió en un paso estratégico para bajar en busca del oro y hombres transaharianos. Por aquí pasaron los seguidores de Ibn Tumart, que surgieron en la vecina Tinmel y crearon el imperio almohade. En uno de estos pasos de montaña, murió Reverter, vizconde de Barcelona, defendiendo la causa almorávide frente al empuje almohade. Su hijo, Abu-l-Hassan Aly ibn al Rubartayr, sirvió posteriormente en los ejércitos a los que combatió su padre, luchando contra la dinastia de los Ghanya, que reinaron en Baleares y conquistaron Túnez y Argelia.
Durante otros tres siglos, las fue contando a sus congéneres, a los nuevos hombres que se sucedían por aquellas colinas pobladas de árboles majestuosos, de noble madera, de esencia perfumada. Como gran jerarca, dejó su lugar a otro digno sucesor. Ahora viaja a lomos de un camión, mostrando el ocre tono de su albura muerta, y el tostado color de su corteza que ha perdido el plateado reflejo que la suele caracterizar cuando aún conforma una cubierta viva. Su muerte la causó la edad, posiblemente acelerada también por la crisis climática en que andamos inmersos, cuando llueve menos y hace más calor. También los monos silvestres, prosperaron mucho desde que desapareció su principal predador, el leopardo del Atlas, y los turistas les aseguran el sustento con dádivas generosas. Tienen la mala costumbre estos primates de descortezar las puntas jóvenes de las ramas altas, provocando desecaciones y pérdidas de vigor.
El monte de Azrou es un monte ordenado, con planes de gestión forestal llevados por técnicos en la materia, formados en las escuelas europeas (Nancy) como son el ingeniero Ahmed el Haddayi o el biólogo Mohammed Moujlis. Por regla general los árboles se cortan a un turno establecido, que ronda los 150 años de edad, pero no es raro que permanezcan árboles sobresalientes como el gran Gouraud. En ese sentido, es idéntico a los montes de Valsaín y Coca en Segovia, Almazán y Covaleda en Soria, los hayedos navarros, los montes de la Serranía de Cuenca o de las Sierras de Cazorla y Segura.
En todos ellos se ha llevado un aprovechamiento forestal persistente, sostenible y transmitido a lo largo de siglos, llevándoles a un estado que les ha merecido el reconocimiento actual de espacios sobresalientes y destacados referentes de la calidad ambiental de sus territorios.
Igual ocurre en el territorio del Medio Atlas, de donde procede la foto que encabeza el artículo referido a Marruecos. No son ni menos conscientes, ni están menos preparados, como podría pensarse, con esa facilidad que tenemos para ver la paja en ojo ajeno, sobre todo si se trata de países más desfavorecidos que el nuestro.
Los pinsapares del Rif fueron explotados para madera por el servicio ferroviario español cuando así pudo hacerlo al tener bajo "Protectorado" aquellas tierras. Imagino que lo mismo debieron hacer con la valiosa madera de cedro, los franceses que llenaron el paisaje de Ifrane con remilgadas casitas de arquitectura alpina. En aquellos tiempos, el pinsapar de Grazalema, estaba en manos privadas, y claramente deteriorado como muestran las fotos de época. Igualmente los pinsapares de la Sierra de las Nieves (Yunquera, Parauta, Tolox), no tienen punto de comparación con el actual estado de conservación de los pinsapares del Rif, debido al intenso grado de sobreexplotación sufrido durante siglos, convertidos algunos en carbón para las cercanas ferrerías de Júzcar o Marbella que se crearon en el siglo XVIII.
Bosquicidio es la aniquilación de todo un bosque, no la salida de un árbol de un monte sometido a aprovechamiento maderero, un árbol que ha tenido el mérito de estar en pie más de cinco siglos y que muestra en la imagen síntomas de estar ya muerto cuando lo cortaron (es lo que se llama corta a turno biológico). Cierto es que irá "condenada" su madera a seguir dando vida a los humanos. Esta vez no serán pastores, cazadores, leñadores..., sino los artesanos, los nayyarin de las vecinas medinas de Meknes o de Fes, descendientes muchos de aquellos cordobeses que se alojaron allí en el año 815 y que por eso se siguen llamando "andaluces". Con su aromática madera, conformará mesas, armarios, pies de lámpara, marcos para espejos, juegos de ajedrez, fichas para dominó, librerías, frontales para camas,..., toda una serie de usos artesanales que le permitirán seguir estando viva junto al hombre, con lo que podrá seguir contando las historias que aprendió en el monte, si es que el moderno hombre urbano, de Rabat, Casablanca, o también de Madrid o París, es capaz de entenderlo y tener el oído, o mejor el corazón, preparado para ello.
No se habla en el artículo de estas gentes que viven del Cedro, del par de aserraderos que hay en Azrou, del vivero forestal, donde se da trabajo a mucha gente al cabo del año, del propio monte, en el que también trabajan muchos hombres del mundo rural. No se habla tampoco del protagonismo de Azrou en el mundo forestal marroquí. Gracias al monte de cedros, a su persistencia durante siglos, se ha instalado un centro de referencia de piscicultura continental en aquella ciudad, en el que también encuentran trabajo algunas personas vinculadas al servicio de Aguas y Bosques marroquí.
No hace falta ir hasta Marruecos para encontrar pues un bosquicidio tal, lo hay, por tanto, en la Península ibérica sobre cada uno de los montes explotados de forma ancestral durante siglos en muchas de las provincias españolas, por no hablar de la historia del tapiz vegetal que hubo de cubrir muchos de los grandes valles de la vieja Hesperia, y que ahora se encuentran sometidos a intensivos cultivos de cereal, girasol o simples agrupaciones de clónicos ejemplares de chopo. O de las viejas dehesas del Poniente peninsular, donde los enormes claros abiertos para el pastizal denotan la ausencia de enormes encinas y alcornoques. Y ha sido el cultivo de estas superficies y su aprovechamiento pastoral, lo que hizo mantenerse alejados de la miseria a muchos de nuestros antepasados, habiendo logrado una situación que nos permite a los presentes estar aquí sentados, a expensas de un teclado, con el que poder opinar sobre el desarrollo de otros países a los que hemos estado robando durante varios siglos atrás.
En el foro de Amigos del Tejo, encuentro a diario referencias sobre alguna que otra agresión que se les hace a aquellos que son árboles monumentales, milenarios, por el simple capricho de abrir un camino a su vera, hormigonar de tapiz asfixiante su contorno para el paso rodado de algún vehículo o por la dejadez de una o varias administraciones confluyentes. Aún el Sueve sigue sin encontrar una dedicación especial para la que es la mejor tejeda de Europa, a pesar de ser monte público en una de las Comunidades territoriales que presumen ser la nodriza del actual Estado Español.
De modo similar, las centenarias palmeras de nuestro suelo, van cayendo una a una merced a la acción del picudo rojo, introducido en esta tierra por la insana e insaciable codicia de nuestros compatriotas dedicados a la arboricultura y trasiego comercial del jardín. ¿Es o no acaso un bosquicidio la muerte irremediable del palmeral de Elche? Y no hay sino afán de lucro, y pocos visos de persistencia en la causa del mismo.
Sería deseable más interés serio por el mundo rural, por su conservación, como tutelar que es de la persistencia de los valores naturales de nuestros montes. Y para ello, han de encontrar valor en el propio entorno natural, de lo contrario, se prostituirán en favor de un suelo edificado y ocupado por jardines donde prosperen las desvalidas especies exóticas y sus plagas como bíblico azote.
Que sea para bien.