Blog de Carlos Camino

Un plan conservacionista contra la crisis que nunca existió

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El Gobierno ha lanzado el plan E, Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo contra la crisis, que ya lo explica casi todo con ese largo título. Se puede acceder a su página oficial y ver sus objetivos de desarrollo. Nadie podrá negar su oportunidad y su éxito en términos de adhesiones, habrá que ver su efectividad en empleos creados así como los resultados a pie de obra. Esperemos que lo sea, se trata de un pequeño "New Deal" de inspiración keynesiana en estos tiempos donde se intervienen bancos o los empresarios piden paréntesis a la economía de mercado. Respecto al medio ambiente, entrando en los planes aprobados observamos que muchas de las medidas suponen ayudas a la regeneración medioambiental de zonas degradadas, prevención de incendios, mejora de regadíos, etc. Sin embargo el Plan E no tiene entre sus ejes el conservacionismo, sus fines explícitos son otros, a saber: - apoyo a las familias - apoyo a las empresas - fomento del empleo - liquidez al sistema financiero - modernización de la economía Que estas medidas se trasladen a proyectos reales conservacionistas ya depende más de su concreción y en todo caso pudiera existir un impacto negativo de otras medidas aprobadas en este mismo plan sobre el medio ambiente. Probablemente nunca sepamos de qué lado quedó la balanza medioambiental del plan E. Oportunidad perdida, ya en pleno siglo XXI, para promover un plan intrínsecamente conservacionista anticrisis. Este deberá invertir la tendencia, ya secular, que consiste en expulsar empleo de la agriculutura y ganadería y dotar en cambio a los agricultores del protagonismo necesario en el conservacionismo medioambiental en las zonas de su influencia. Un plan que devuelva empleo al sector que más lo ha perdido adelantando un nuevo tipo de relación entre Gobierno y trabajadores del campo. Un plan que tenga entre sus objetivos declarados mantener la producción (no necesariamente la productividad) de los agricultores (pequeños y medianos) que se acojan al programa subvencionando proyectos sostenibles y confiando en que el mercado valore a precios justos la producción obtenida de mayor calidad. La sostenibilidad de un proyecto se puede evaluar en función de que mejore la calidad del suelo, el agua, los cultivos, los pastos y el terreno boscoso sujeto a actividad económica respecto a su situación anterior al plan. Devolver el poder y la preocupación ecológica al agricultor, no al burócrata ni al dominguero. Frente a otros planes millonarios que subvencionan la producción a precios de mercado o que simplemente subvencionan la destrucción de producción, un plan conservacionista anticrisis subvencionaría los esfuerzos del agricultor por hacer de su explotación algo convergente entre las necesidades conservacionistas y las de la eficiencia económica.

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No hay plazo que no llegue, ni deuda que no se pague

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Si el refranero es la sabiduria de la experiencia, por qué no aprovecharla aunque suene a viejo. Aunque el entorno y los problemas son diferentes, la sabiduria es eterna. La cita del título viene a decirnos que acabaremos siendo responsables de nuestros actos presentes aun en el largo plazo.

Que no podemos evitar nuestras responsabilidades aunque estas se resuelvan más allá de nuestras vidas. Nuestras modernas sociedades capitalistas, incluyendo sus correctivos keynesianos, tienden sistematicamente a "externalizar" los costes del desarrollo hacia generaciones futuras, porque preferimos el confort y la prosperidad actual a imponernos cualquier tipo de restricción sobre los nuestros. Nuestra sed de desarrollo es tal que consumimos energías no renovables sin importarnos sus límites y generamos basura sin límite ninguno tampoco.

Queriendo ampliar nuestras oportunidades presentes, estamos hipotecando el futuro de los nuestros y del planeta. Pero es una perspectiva engañosa, no ampliamos sino que reducimos el horizonte temporal, en forma de ajuste futuro que podría adquirir tintes de catástrofe energética y/o medioambiental. Si creemos que el ser humano es el rey de la creación, no es por ser superiores y con derecho a la explotación, sino porque nos hemos dotado de una cultura, que nos permite ver más allá del interés inmediato, por el bien de las futuras generaciones y capitalizando la sabiduria acumulada de las generaciones pasadas.

La visión cortoplacista es pues síntoma de atraso cultural. En esta época en que Keynes vuelve a estar de moda, no está de más recordar que si bien a largo plazo todos estaremos muertos (Keynes dixit), sería deseable ampliar nuestra democracia hacia generaciones pasadas y futuras. Ellos votarían por proyectos sostenibles en el largo plazo, contra la planificación cortoplacista. Ese debe el frontal del compromiso conservacionista, antes de que sea demasiado tarde.

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