El Gobierno ha lanzado el plan E, Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo contra la crisis, que ya lo explica casi todo con ese largo título. Se puede acceder a su página oficial y ver sus objetivos de desarrollo. Nadie podrá negar su oportunidad y su éxito en términos de adhesiones, habrá que ver su efectividad en empleos creados así como los resultados a pie de obra. Esperemos que lo sea, se trata de un pequeño "New Deal" de inspiración keynesiana en estos tiempos donde se intervienen bancos o los empresarios piden paréntesis a la economía de mercado. Respecto al medio ambiente, entrando en los planes aprobados observamos que muchas de las medidas suponen ayudas a la regeneración medioambiental de zonas degradadas, prevención de incendios, mejora de regadíos, etc. Sin embargo el Plan E no tiene entre sus ejes el conservacionismo, sus fines explícitos son otros, a saber: - apoyo a las familias - apoyo a las empresas - fomento del empleo - liquidez al sistema financiero - modernización de la economía Que estas medidas se trasladen a proyectos reales conservacionistas ya depende más de su concreción y en todo caso pudiera existir un impacto negativo de otras medidas aprobadas en este mismo plan sobre el medio ambiente. Probablemente nunca sepamos de qué lado quedó la balanza medioambiental del plan E. Oportunidad perdida, ya en pleno siglo XXI, para promover un plan intrínsecamente conservacionista anticrisis. Este deberá invertir la tendencia, ya secular, que consiste en expulsar empleo de la agriculutura y ganadería y dotar en cambio a los agricultores del protagonismo necesario en el conservacionismo medioambiental en las zonas de su influencia. Un plan que devuelva empleo al sector que más lo ha perdido adelantando un nuevo tipo de relación entre Gobierno y trabajadores del campo. Un plan que tenga entre sus objetivos declarados mantener la producción (no necesariamente la productividad) de los agricultores (pequeños y medianos) que se acojan al programa subvencionando proyectos sostenibles y confiando en que el mercado valore a precios justos la producción obtenida de mayor calidad. La sostenibilidad de un proyecto se puede evaluar en función de que mejore la calidad del suelo, el agua, los cultivos, los pastos y el terreno boscoso sujeto a actividad económica respecto a su situación anterior al plan. Devolver el poder y la preocupación ecológica al agricultor, no al burócrata ni al dominguero. Frente a otros planes millonarios que subvencionan la producción a precios de mercado o que simplemente subvencionan la destrucción de producción, un plan conservacionista anticrisis subvencionaría los esfuerzos del agricultor por hacer de su explotación algo convergente entre las necesidades conservacionistas y las de la eficiencia económica.
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