
LALITA Granja Escuela y Centro de formaciones alternativas

Valores RUNA:
Desarrollo de un negocio multifuncional en el campo
Cuidado de una finca con criterios ecológicos
Formación y sensibilización sobre el medio natural
Actividad: Centro de formación y de turismo rural en la naturaleza
Ámbito: Acebo en Cáceres
Web: http://67.15.172.6/~lalita/es/
Correo: info@lalita.net
Tlf: 927 14 16 29
Lalita es una finca de más de veinte hectáreas, al abrigo de la montaña Jálama en la Sierra de Gata. Entre bosques de robles, arroyos que donan frescura, el canto incesante de variedad de aves, el paso furtivo de animales y un paisaje que desborda un contento sereno y vivo, ha ido creciendo este proyecto considerado un referente a nivel europeo como centro de formación.
Lalita que atrae cada año a centenares de personas de todo el mundo, es una escuela de vida alternativa o si prefiere una alternativa a la formación convencional que se suele alejar del origen de las cosas y de la importancia de tener una conciencia despierta a la naturaleza. En este inicio de primavera, hemos subido por la pista de tierra, que nos va acercando poco a poco, entre curvas y recovecos a la finca. Todos los que hacen este camino por primera vez, van percibiendo que se acercan a un lugar realmente único y los que ya lo conocemos, lo descubrimos otra vez con la misma satisfacción. Este es el secreto de la belleza, que es inagotable.
Entre paseos, conversaciones y una comida vegetariana hemos pasado el día. Nos hace de guía su responsable Jerónimo Spotorno
¿Cuál es la denominación de la LALITA?
La denominación es albergue rural y granja escuela; la razón es porque este proyecto se construyó con la vocación de una escuela tanto para niños, jóvenes o adultos y ofrecer un espacio que aporte conocimientos en artesanías y oficios rurales y un conocimiento de la naturaleza, de los productos tradicionales y una concepción más armoniosa y saludable. Nosotros queríamos que la gente aprendiese a hacer cosas con sus manos. Los niños viven en un mundo cada vez más virtual, donde todo viene producido, fabricado, diseñado a través de grandes empresas y así los jóvenes desconocen cómo se hacen las cosas, de dónde vienen y nuestra apuesta era dar estos conocimientos, que además en una situación de crisis global pueden marcar la diferencia para la subsistencia.
Entonces al principio la idea era más dirigirse a los niños, pero actualmente Lalita parece que su actividad más importante está dirigida a adultos…
Pienso que en la época que abrimos este proyecto nos adelantamos un tanto a los tiempos. En ese momento no había discursos políticos sobre sostenibilidad, ni conciencia por recuperar la tradición rural, además los padres que mandaban a sus hijos a granjas escuelas o campamentos no estaban dispuestos a pagar un plus por garantizar estos conocimientos con la calidad que nosotros queríamos. Nosotros queríamos dar un alcance a estas inquietudes, que no se adecuaban a la demanda de aquella época. Por eso decidimos trabajar en una línea parecida pero para adultos.
Lalita tiene además de su actividad empresarial, una finca con huerta, frutales, animales…
Efectivamente, tenemos una huerta bastante grande, con su invernadero, que nos da hortalizas y alimentos para el autoconsumo. También tenemos kivis, manzanos, naranjos, membrillos, almendros y olivos. Además tenemos vacas también para consumo propio. Con ellas tenemos el lujo de poder producir nuestro propio yogurt o nuestros propios quesos.
Las vacas de qué raza son?
Son jersey, originarias de Inglaterra, son pequeñas y pensamos que idóneas para este paisaje montañoso. Son muy productoras de leche y además muy rica.
Ahora que hablas del paisaje de esta sierra. Es sorprendente la belleza de este entorno natural y la gran variedad de biodiversidad…
Lo que más nos atrajo de Cáceres, fue precisamente su belleza, su riqueza en agua y vida silvestre y además su grado de conservación. En nuestra finca no llega la televisión, ni la telefonía móvil y aunque estemos cerca de Madrid, estamos muy lejos. Esto nos da las condiciones ideales para hacer una inmersión plena en la naturaleza.
El hecho de que estéis aquí también ayudará a que mucha de la fauna pueda medrar, por su dependencia con las labores de campo. ¿Cuándo llegasteis a la finca cómo estaba el pueblo, se estaba despoblando?
El interés por el campo era mínimo. Cuando llegamos los jóvenes y no tan jóvenes lo que querían era escapar a la ciudad. Al principio se veía a gente joven todavía, ahora apenas se ven. Los que vienen a vivir son personas a las que solemos denominar neorrurales. Así se dan situaciones un tanto paradójicas, como estos neorrurales que quieren volver al campo para hacer las cosas con conciencia y respeto y los paisanos del pueblo que son los que realmente saben hacerlas pero quieren irse…
Cuéntanos qué significa la naturaleza para la Lalita.
Mira yo realmente soy informático, vengo del mundo de la consultoría, he trabajado en varias ciudades europeas como consultor y todo este mundo tiene algo de irreal, esa experiencia de desconexión es lo que me hizo regresar a Lalita. En mi caso yo sentía que iba contranatura, con mi cabeza obsesionada en los asuntos informáticos. Cuando regresé a la naturaleza, sentí que volvía a casa. Además las ciudades son muy planas con sus geometrías, todo lo que te rodea ha sido diseñado, pensado y yo creo que nuestra conciencia no está preparada para tanta síntesis. Necesitamos de la naturaleza.
Entonces la naturaleza sería una donadora de salud y este es además uno de los pilares del proyecto
Efectivamente, este es nuestro principal valor. Dar salud física, mental y espiritual. No hemos nacido para vivir en cajas de hormigón, recluidos en los laberintos de las ciudades, el hombre es un mamífero y necesita confrontarse con la naturaleza. Y para esto estamos aquí, esta es la vocación de la escuela de Lalita. Necesitamos de la naturaleza, para vivir y para desarrollarnos.
Yo creo que Lalita es una oportunidad para aquellas personas que están cuestionando su forma de vida y quieren descubrir algo más real, que necesitan comprobar de manera empírica que es posible vivir con más profundidad. Además de ser una escuela de formación permanente para vivir en salud.
¿Se puede vivir en el campo?
Creo que sí, pero desgraciadamente en una relación de dependencia económica con las ciudades. El sistema en que vivimos ha devaluado el precio real de los productos del campo. No se paga el verdadero coste del que produce un alimento, todo se queda en los intermediarios y esto hace muy poco viable la actividad agraria y ganadera en el mundo rural. Ahora ¿cuáles son los parámetros que definen la viabilidad económica? Si por ejemplo el sistema se derrumbara, como ha pasado en países aparentemente muy sólidos, o como parece que puede pasar ahora, entonces el verdadero valor de las cosas cambiaría radicalmente y en esa situación tener espacios como este sería muy importante y la vida en el campo viable.
Ante una crisis de civilización, el mundo rural se convierte en la última frontera.
Por supuesto. Como decía mi madre el dinero no se come.














