
La trashumancia tiene futuro y la opinión que vale es la de los ganaderos, que son los protagonistas.
La Trashumancia atraviesa una crisis profunda, en la que se van a perder muchas cosas pero se va a salir de ella. Ésta será asumida por unos ganaderos que serán herederos de una cultura, pero que sabrán adaptarse a las nuevas demandas sociales y económicas, aunque no como en la Mesta o en el siglo XIX, sino que será una trashumancia con sus raíces, pero distinta a lo que ha sido hasta ahora.
Son necesarias muestras de apoyo por parte de los poderes públicos y de la sociedad porque esta actividad afecta a la ecología y a ecosistemas que, en el marco del cambio climático, permiten mantener una adecuada masa verde y el mantenimiento de la biodiversidad que suponen las razas autóctonas de ganado.
Para ello las administraciones públicas deben promover ayudas que lleguen a los ganaderos y proyectos de desarrollo rural. Además, una de las cuestiones que permiten ver un futuro más alentador a la trashumancia es que el mantenimiento de este tipo de explotaciones revierte en la satisfacción de la propia sociedad. La sociedad puede apoyar el desarrollo de estas zonas rurales haciendo lo que le gusta hacer, como es realizar turismo en ellas y comprar productos a los ganaderos para conseguir la viabilidad de las explotaciones trashumantes. Así, la sociedad ganará en medio ambiente, en patrimonio, y en calidad de vida alimentaria. La trashumancia por tanto nos interesa y, además, con ella satisfacemos nuestros intereses puesto que hacemos turismo, comemos muy bien, paseamos por las vías pecuarias, vemos el campo y el patrimonio cultural y nos enorgullece que se conserve al hilo de esa actividad.
Jose Luis Argudo Périz
Profesor de Derecho Civil
Universidad de Zaragoza















Cañadas: Para que esta
Cañadas:
Para que esta actividad permanezca en el tiempo, es muy necesaria la conservación de las vías pecuarias, que actualmente son las grandes olvidadas en los presupuestos de las Administraciones públicas, tan sólo están realizados y no en todos los lugares, el acto de clasificación de las vías que establece la ley 3/95 mientras que al no estar realizado en la mayoría de los casos además de la clasificación, el deslinde y finalmente el amojonamiento que marca la Ley; parece ser, y así lo demuestra la cantidad de jurisprudencia que existe en procesos sancionadores contra la ocupación de estas vías, normalmente, el que efectúa la intrusión, sale airoso del proceso puesto que al no existir deslinde y amojonamiento de los limites de la vía, no se puede cuantificar la valoración de la intrusión, es más, en muchos casos no se puede demostrar, ni siquiera si esta ocupada o no la cañada. Por tanto existe una impunidad ante este tipo de ocupaciones.
Por tanto los servicios jurídicos de las Administraciones públicas en materia de Medio Ambiente, tienen autentico pánico a emprender procesos sancionadores contra la ocupación de cañadas.
Esaú Escolar
Comentario Me parece muy
Comentario Me parece muy bien tu idea pero tambien creo que tan fundamental es deslindar las vias pecuarias. Como dar unos conocimientos basicos a quien va transitarlas ,y lo que aun me parece mas dificl , concienciar a una sociedad de la cual hoy los trashumantes estamos años luz en cuanto discriminacion. Solo tienes que un dia ponerte en medio de una via durante cinco minutos veras ,que de derechos tienen cualquier viandante,conductor,o cualquier lugareño,que ve como unos animales ensucian lo que el creyo de su propiedad. esa es la realidad a todo el mundo le gusta pero si puede ser que empiecen por otro lado.
UN saludo. Ruben Valin
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