Texto: Sobre linces en la península Ibérica
Sobre linces en la península Ibérica
Autores: Lozano, Jorge; Cabezas-Díaz, Sara; Virgós, Emilio
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Índice
- ¿Por qué se extingue realmente el lince ibérico?
- El lince ibérico en Madrid
- El lince europeo en España
- Bibliografía
Desde finales del siglo XIX el lince ibérico sufre un proceso de regresión en toda la Península Ibérica, y en general se culpa a las enfermedades del conejo y a la destrucción del hábitat, del tremendo colapso de sus poblaciones. Sin embargo la fuerza de extinción que ha operado de forma continua en todo el territorio nacional ha sido la persecución de la especie, y hoy en día la práctica del control de predadores impide de hecho su recuperación. El descubrimiento en Madrid de un excremento de lince ibérico señala un área prioritaria para la liberación de los linces procedentes de la cría en cautividad. Un caso parecido se da en los Pirineos, donde el lince europeo ha sido visto de nuevo, y donde puede plantearse también la reintroducción de esta especie.
¿Por qué se extingue realmente el lince ibérico?
Hacia la extinción
El lince ibérico (Lynx pardinus) es sin duda una de las especies emblemáticas de la fauna española, símbolo de la naturaleza pura y agreste, además de conspícua bandera de los esfuerzos conservacionistas en nuestro país. La razón es clara y está muy justificada: este felino salvaje, único en el mundo, ha pasado rápidamente, en poco más de un siglo, de ser común y abundante en toda la Península Ibérica a estar al borde de la extinción. Lo que no está tan claro son las causas de semejante descalabro, a pesar de todo lo que se ha escrito sobre el tema, y solo recientemente han aparecido algunos datos que permiten una aproximación más realista a las verdaderas causas de la desaparición del lince ibérico.

Lince Ibérico
En general la idea que tiene la sociedad, extendida hasta ahora por múltiples medios divulgativos pero originada en el ámbito científico, es que la razón principal de la extinción del gran gato es el declive de su presa principal, el conejo, así como la alteración y destrucción del hábitat, de tal forma que otros factores (especialmente la mortalidad no natural) se han venido considerando como secundarios. Por otra parte, la información disponible a partir de 1950 muestra un patrón básicamente uniforme en la reducción del área de distribución del lince, donde las fuerzas de extinción han operado aparentemente con la misma intensidad en todas partes a lo largo del tiempo. Se ha calculado que las poblaciones más resistentes a la desaparición son simplemente aquellas con mayor número de individuos, y se pudieron detectar dos momentos críticos de extinción de poblaciones: uno entre los años 1970 y 1975, y el otro entre 1980 y 1985. En 1988 el lince ibérico había perdido ya el 81% de su área total de distribución.
El conejo y la alteración del hábitat
¿Fueron la disminución del conejo y la alteración del hábitat los causantes? Las poblaciones de conejo, que hasta entonces se encontraban en una situación de súper abundancia, fueron ciertamente diezmadas a partir de 1953 por la irrupción en España del virus de la mixomatosis, que se propagó desde el norte de la península hacia el sur. Pero sin embargo no se detectó ninguna crisis de extinción en el lince en esos años (que iba decayendo de forma constante y gradual), sino 20 años después, y el área de distribución del felino no se redujo siguiendo un patrón norte-sur, como sería de esperar si la mixomatosis hubiese sido clave en el declive del lince. Aunque el número de conejos disminuyó inicialmente por la enfermedad, no debió alcanzar niveles tan bajos como para afectar la abundancia de linces. Un estudio ha demostrado que la densidad de lince no se ve afectada por las fluctuaciones de las poblaciones de conejo, por fuertes que sean, siempre que su disponibilidad en el medio no descienda de un conejo por hectárea en otoño, lo que es ciertamente muy poco. Por encima de ese nivel las poblaciones del felino sobreviven perfectamente, y los datos sobre la tendencia poblacional del conejo en España parecen indicar que la abundancia del lagomorfo hace 30 años (y probablemente por tanto hace 40 o más años) era muy elevada a pesar de la mixomatosis, permitiendo tanto la supervivencia como la reproducción del lince ibérico. Los mismos datos sobre la tendencia del conejo son esclarecedores en otro punto: la segunda crisis de extinción detectada (1980-85) coincidió en el tiempo precisamente con un incremento generalizado de las poblaciones de conejo en todas las regiones españolas. Por otra parte, a la muy lamentable situación del felino existente ya antes de 1988, no pudo contribuir en nada el pronunciado declive del conejo causado por la segunda enfermedad, la neumonía hemorrágica vírica, al no haber aparecido ésta aún en la península. Incluso después de haber irrumpido, muy amplias zonas con alta abundancia de conejo (Madrid, Toledo, Ciudad Real, Albacete, etc) perdieron también sus poblaciones de lince.
Respecto a la alteración y destrucción del hábitat, es indudable que debió afectar en cierto grado a las poblaciones de lince ibérico, fundamentalmente a partir de los años 60. Es entonces cuando comienzan, con distribución e intensidad desigual en el territorio, graves procesos destructivos como la plantación de pinos y eucaliptos, la inundación de grandes zonas como consecuencia de la construcción de pantanos, grandes proyectos urbanísticos y el abandono del medio rural (aunque en este último caso, la matorralización de zonas desprovistas de cobertura arbustiva pudo incluso favorecer tanto al lince como al conejo, por lo que no siempre tuvo que ser éste un factor negativo). Pero estos fenómenos tampoco dan cuenta del patrón uniforme, generalizado y mantenido en el tiempo de la reducción observada del área de distribución del lince. Más bien el impacto se produciría a escala local, sufriendo las poblaciones directamente afectadas por estos proyectos, los cuales simplemente se sumarían a la principal fuerza de extinción que venía operando con anterioridad sobre toda el área de distribución de la especie. Como es sabido, amplísimas áreas de la península con hábitat adecuado para el lince no sufrieron tales impactos, y sin embargo sus poblaciones desaparecieron igualmente.
Podría aducirse que en tales áreas los procesos de fragmentación causados por la destrucción del hábitat habían aislado a las diversas poblaciones de lince, volviéndolas vulnerables a los accidentes ambientales (fenómenos estocásticos) y a los efectos genéticos negativos derivados de la endogamia. Pero no parece razonable pensar que absolutamente todas las subpoblaciones tuvieron la mala suerte, en tan breve intervalo de tiempo, de sufrir epidemias o ser eliminados por incendios, por ejemplo. Además, la estocasticidad ambiental y demográfica afecta sobre todo a las pequeñas poblaciones, lo que implica que éstas debieron ser previamente reducidas por una causa diferente. En cuanto a la endogamia, hay que considerar que los efectos deletéreos de la pérdida de variabilidad genética no se hacen notar tan rápidamente, y la pervivencia de la aisladísima, reducida y endogámica población de Doñana es una magnífica prueba de ello.
La verdadera causa de la extinción
Pero que las enfermedades del conejo (es decir, el declive del conejo) y la destrucción del hábitat (con sus consecuencias en cuanto a fragmentación y aislamiento de las poblaciones) no pueden ser la fuerza principal de extinción del lince ibérico se pone más claramente de manifiesto al considerar la situación de la especie previa a 1950. Antes de esta fecha ninguno de estos procesos había tenido lugar, y sin embargo para ese año casi todas las poblaciones de lince habían desaparecido ya nada menos que de la mitad norte de la Península Ibérica y de la zona del levante, habiéndose perdido desde finales del siglo XIX más del 50% del área de distribución del felino. Resulta evidente por tanto que la causa del colapso demográfico tiene que ser otra distinta, y lo más parsimonioso y lógico es pensar que esa misma causa es la que siguió actuando también después de 1950, aunque otras más se le fueran añadiendo poco a poco.
¿Cuál pudo ser esa otra causa, que actuó desde el principio como principal fuerza de extinción hasta nuestros días? La primera crisis del lince detectada con datos empíricos (1970-75) nos ofrece una pista: dicha crisis coincidió en el tiempo con los últimos años de actividad de las Juntas de Extinción de Animales Dañinos. Durante 20 años se persiguió masivamente a todos los depredadores de este país, pagándose una cantidad de dinero por ejemplar muerto, que supuso una fuente extra de ingresos para muchos paisanos. Pero más significativo si cabe son los datos aportados por un reciente estudio, donde se muestra que de 1.258 linces muertos entre 1950 y 1989 la cuarta parte fue abatida a tiros y el 62% fallecieron en cepos y lazos. Además, los elevados porcentajes de mortalidad provocada por el hombre se mantuvieron incluso después de la protección legal de la especie en 1973. Lo cual no resulta extraño: el mismo estudio demuestra que la mortalidad de linces fue mayor en los cotos de caza menor con explotación del conejo, donde el uso

Excrementos de lince
de lazos y otros métodos de control de predadores no selectivos era y sigue siendo común. En el coto de Doñana, mediados el siglo XX y antes de su protección estricta, se mataban anualmente cerca de 20 linces, es decir, la mitad de la población total que queda hoy en ese lugar (fue por tanto la figura del Parque Nacional y la suspensión de la actividad cinegética lo que salvó claramente al lince de Doñana). Y se sabe que en pleno siglo XXI la mayoría de los linces jóvenes que se atreven a abandonar el parque (en Andújar probablemente ocurra lo mismo) pagan su osadía con la muerte, causada muchas veces aún por disparos.
La caza insostenible de ejemplares es la única fuerza de extinción que operó tanto antes como después de 1950, en todo el territorio nacional y de forma mantenida en el tiempo, explicando así la intensidad similar y el patrón uniforme de la reducción del área de distribución del lince ibérico. A finales del siglo XVIII, mucho antes de que lo hicieran las Juntas de Extinción, en Navarra ya se pagaba por cada lince abatido. El lince ha sido directamente perseguido como apreciado trofeo de caza, pero también para alimentar un importante mercado peletero durante la primera mitad del siglo XX. Además, y al igual que el resto de los depredadores, fue considerado una alimaña y como tal una especie objeto de exterminio en todo el país. Aunque se protegió por la ley, los métodos de control de predadores usados comúnmente en la gestión de los cotos de caza menor han seguido eliminando linces, y siguen matando a los que entran de nuevo en ellos (impidiendo así hoy la recuperación de la especie).
Los autores de estas líneas tienen constancia de la extracción cada año, en el pasado reciente, de una decena de linces en una única finca dedicada a la caza menor, en la provincia de Madrid. Semejante persecución y mortalidad denota claramente, en una zona de elevada densidad de conejo y hábitat inalterado, por qué acabó desapareciendo esa población, y señala de hecho a la principal fuerza de extinción de la especie en toda su área de distribución, a la que se irían sumando nuevas fuerzas destructivas con el tiempo. Pero aunque el resultado práctico sea el mismo, entre la afirmación de que el lince ibérico “se extingue”, donde la responsabilidad social aparece difusa, y la sentencia de que el lince ibérico “ha sido exterminado”, y ello particularmente por la mano del sector cinegético, hay una gran diferencia.
El lince ibérico en Madrid
Antecedentes recientes
Según el censo-diagnóstico de las poblaciones de lince ibérico en la Península Ibérica, publicado por el Ministerio de Medio Ambiente en 2004, solamente quedarían en España dos núcleos reproductivos de la especie (el área de Doñana y el de Andújar-Cardeña), ambos en Andalucía. Además, dicho estudio no detectó la presencia del felino fuera de esta región más que en un único lugar de los Montes de Toledo, en base al resultado positivo del análisis genético de un excremento. Así las cosas, las conclusiones no podían ser más pesimistas: el lince ibérico habría desaparecido de casi todo el país, y como mucho quedarían unos 200 individuos, repartidos la mayor parte de ellos entre Jaén y Córdoba. Con todo, y sin negar en absoluto la crítica situación de la especie, pudiera ser que esta estima poblacional estuviese por debajo de la cifra real. ¿Por qué? Porque posiblemente algunas regiones españolas no fueron suficientemente estudiadas, de forma que algunas pequeñas poblaciones de lince (y quizá incluso algún núcleo reproductor) no fueron detectadas.
Esto puede ser particularmente cierto en el caso de la provincia de Madrid: a pesar de haberse certificado la presencia de lince en un informe de 1996, a penas mereció la atención del censo-diagnóstico, que no instaló ninguna cámara-trampa y recogió solamente una decena de excrementos para ser analizados con técnicas moleculares. De hecho, los escasos estudios que se han realizado en esta región siempre han adolecido de importantes limitaciones metodológicas, siendo las más importantes el insuficiente esfuerzo empleado por un lado, y por otro el sesgo producido en los resultados, al no haber podido muestrear precisamente en las zonas más favorables para el lince, que se encuentran localizadas en el seno de grandes fincas privadas.
Sin embargo, los datos obtenidos por el citado informe de 1996 fueron suficientes para demostrar la existencia del lince ibérico en Madrid. Basado sobre todo en entrevistas, se recogieron una veintena de avistamientos fiables así como varias citas de huellas y ejemplares encontrados muertos. La mayor parte de esta información procedió de la primera mitad de los años noventa, y entre 1995 y 1996 se produjeron ocho avistamientos. En general, el lince pareció distribuirse fundamentalmente en el suroeste de la región madrileña, coincidiendo con la ZEPA y LIC “Encinares de los ríos Cofio y Alberche”, aunque también se obtuvieron citas del norte de Madrid y de áreas colindantes de Ávila y Toledo.

Hábitat del lince en Madrid
La situación actual
¿Desapareció totalmente el lince ibérico después de 1996? Si así fuera, hubiera sido imposible encontrar ejemplares muertos (por ejemplo, atropellados), o recopilar citas fiables de avistamientos en años posteriores. Y la verdad es que se han seguido viendo linces a lo largo de todos estos años hasta 2005. En total, se ha podido recoger información sobre tres ejemplares atropellados (estos a finales de los noventa) y sobre otros dos linces muertos por diferentes causas (uno de ellos atrapado en un cepo), así como más de una veintena de avistamientos claros. Algunos de estos se originaron varias veces en el mismo lugar, muy recientemente, y en una ocasión incluso se observaron dos linces juntos.
Resulta incontestable por tanto que los linces se ven, y la información proviene de gentes tan dispares como pastores, cazadores, guardas de fincas, naturalistas, meros paseantes y diversos trabajadores de alta cualificación, todos ellos con suficientes conocimientos sobre la especie. Quines escribimos este texto pudimos contabilizar solamente en el año 2005 media decena de avistamientos, de tal forma que según los criterios utilizados en el estudio de 1996 (realizado por la Estación Biológica de Doñana en el marco de un proyecto LIFE) habría que dar nuevamente por certificada la presencia del lince ibérico en la provincia de Madrid, incrementando aunque sea ligeramente la estima poblacional para España que aporta el censo-diagnóstico.
Pero por si todo esto fuera poco, nuestro equipo recogió en octubre de 2005, mientras realizaba un censo de cagarruteros de conejo en el suroeste madrileño, varios excrementos de apariencia sospechosa que llevamos a analizar al Museo Nacional de Ciencias Naturales en Madrid (centro que efectuaba análisis genéticos a los posibles excrementos de lince procedentes de Castilla-La Mancha). Los análisis dieron como resultado que una de las muestras efectivamente pertenecía a lince ibérico, obteniéndose así una de las pruebas objetivas más claras de los últimos años sobre la presencia del felino. Curiosamente, el análisis realizado por la Estación Biológica de Doñana a la misma muestra no encontró ADN de lince, sembrando lógicamente algunas dudas sobre el resultado inicial, pero un tercer análisis llevado a cabo en el Instituto de Biología Molecular de Barcelona confirmó que el excremento pertenecía realmente a un lince ibérico.
No cabe por tanto otra conclusión posible, a la luz de todo el conjunto de datos, que la de que el lince ibérico no ha desaparecido aún de la provincia de Madrid. Además, teniendo en cuenta la distancia a la que se encuentran las poblaciones más cercanas (el área de Andújar en Jaén, o quizá en los Montes de Toledo, según nuevos resultados procedentes también de análisis genéticos) no sería tampoco descartable la existencia de un pequeño núcleo reproductor que pueda explicar la continuidad de la población en Madrid. Esta población sería fundamental para incrementar los niveles de variabilidad genética de la especie, e indica además zonas prioritarias para la suelta de linces procedentes de la cría en cautividad, reforzando con ello la población existente y aumentando las probabilidades de supervivencia de los nuevos ejemplares, ya que vivirían en zonas donde linces “nativos” han logrado mantenerse por sí mismos hasta nuestros días (a diferencia de la mayor parte del territorio nacional).
La población madrileña de lince se localizaría en la actualidad básicamente en el extremo suroeste de la región, limitado al norte por los términos municipales de San Lorenzo de El Escorial y Valdemaqueda, y al sur por los de Villamanta, Villa del Prado y Cenicientos, comprendiendo así el área de Colmenar de Arroyo, Navas del Rey, Aldea del Fresno, Navalagamella, Robledo de Chavela, Fresnedillas de la Oliva, Chapinería, Villamantilla, San Martín de Valdeiglesias y Cadalso de los Vidrios entre otros. La zona lincera madrileña podría continuarse de forma natural en las proximidades de Ávila (El Hoyo de Pinares, Cebreros, El Tiemblo, Sotillo de la Adrada e Higuera de las Dueñas) y del norte de Toledo (por ejemplo, Almorox, Nombela y Escalona). Cabría señalar que algunas zonas olvidadas en casi todos los muestreos realizados, en donde existen citas de lince relativamente recientes, podrían aportar también alguna sorpresa a pesar de su grado de aislamiento territorial, como puede ser la unidad formada por el Monte de El Pardo y la Sierra del Hoyo de Manzanares, así como una zona del noreste madrileño conectada con la Sierra de Ayllón.
Compatibilizar el lince y la gestión de la caza menor
Ya se ha indicado que la mayor parte de la mortalidad de linces se encuentra asociada a la gestión de los cotos de caza menor, particularmente por los efectos letales de los métodos no selectivos de control de predadores empleados hasta la fecha. Un estudio realizado en la provincia de Madrid demostró una relación similar, pero con otras especies distintas de carnívoros, encontrando una menor abundancia de especies como el gato montés (estrictamente protegido por la ley) en las áreas donde se practicaba control de predadores (aunque curiosamente el zorro, principal especie perseguida, no fue menos numeroso a pesar del control ejercido). Resulta evidente que para la conservación del lince ibérico, así como de otras especies protegidas, es necesario eliminar los métodos no selectivos de control de predadores como herramienta de gestión de las fincas cinegéticas. Por lo demás, compatibilizar la presencia del lince con la caza menor es perfectamente posible, y aquí tiene el sector cinegético la oportunidad de demostrar claramente que está de verdad a favor de la conservación de la naturaleza: eliminando prácticas perjudiciales para el mantenimiento de la biodiversidad (como el control no selectivo de predadores), practicando una caza realmente sostenible de las especies cinegéticas, y poniendo sus terrenos a disposición de las especies amenazadas para lograr su total recuperación.
En el caso particular del lince ibérico las fincas cinegéticas podrían beneficiarse además de ciertos efectos naturales, ya que los linces parecen mantener por sí mismos niveles adecuados de otros depredadores (algo que el control de predadores habitual no logra conseguir), pueden favorecer una mayor abundancia de conejo y sanear sus poblaciones al eliminar los individuos enfermos (todo ello sin ningún gasto económico por parte de los propietarios de los cotos). Además, otros beneficios derivados de una buena gestión ambiental de las fincas son también posibles (mejorar la imagen social del colectivo, certificaciones especiales, ayudas directas de las administraciones públicas, publicitación de productos de calidad, etc).
El lince europeo en España
¿Existen linces europeos en los Pirineos?
El caso del lince europeo o boreal (Lynx lynx) en los Pirineos mantiene cierto parecido con el del lince ibérico en Madrid. También la población pierenaica de linces se da en general por extinguida, o se considera que los escasísimos ejemplares que pueda haber no tienen futuro (los así llamados “muertos vivientes”). Y sin embargo, al igual que en Madrid, nunca han dejado de recogerse testimonios y citas importantes sobre la presencia del lince, aunque quizá en este caso han sido menos numerosas, y no se cuenta hoy en día con resultados positivos de ningún análisis genético que certifique que un excremento pertenece a lince europeo.
El lince europeo convivió con el ibérico en el norte de España, y en gran medida compartió también su destino: la persecución humana sistemática y la extinción de sus poblaciones en la franja septentrional de la península (así como en la mayor parte de Europa Occidental). Durante el primer tercio del siglo XX todavía se seguían capturando ejemplares en los Pirineos, aunque las poblaciones parecían estar ya fragmentadas en tres núcleos diferentes. En las décadas sucesivas las citas fueron disminuyendo tanto en número como en grado de certidumbre, y se llegó a pensar que el lince europeo, allá por 1988, prácticamente se había extinguido en España, y en todo caso los pocos individuos que pudieran quedar no podrían constituir una población biológicamente viable. En su vertiente, los investigadores franceses también han dado en general a la población pirenaica de lince por desaparecida, situando su extinción en la década de los 40 y basándose en la ausencia de datos posteriores de mortalidad.
Sin embargo, y sin abandonar la cautela que es necesario tener con este tipo de información, existen citas de lince europeo aparentemente muy fiables hasta fechas recientes que merecen atención. Por continuar con la situación en Francia, un grupo de investigadores encontró en el pirineo oriental una veintena de rastros (la mayoría huellas en la nieve) entre 1989 y 1995, incluyendo tres avistamientos directos de lince europeo (dos en 1993 y uno en 1994). Los resultados fueron publicados y los autores no dudaban de la presencia de la especie durante, al menos, esos años. Poco antes y ya en la vertiente española de la cordillera, un estudio realizado entre 1985 y 1989 pudo encontrar huellas atribuíbles al lince solamente en dos o tres ocasiones.
Pero un nuevo estudio ha aportado nuevos y relevantes datos: como fruto de un muestreo intensivo en el año 2000 para tratar de detectar la especie, empleando varias metodologías diferentes en la región oriental del pirineo catalán, dos de los investigadores participantes pudieron observar al lince europeo en un total de tres ocasiones. Además, recogieron información sobre 43 avistamientos, considerando a 10 de ellos de alta fiabilidad, así como tres excrementos sospechosos cuyos análisis genéticos resultaron finalmente negativos. En consecuencia con sus hallazgos los autores de dicho trabajo pidieron que se valorara la inclusión del lince europeo en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas, siguiendo así a la legislación catalana, que ya lo incorpora en su propio registro. Pero en definitiva, en algo sí coinciden los linces europeos del Pirineo y los linces ibéricos de Madrid: serán pocos, pero son y se ven.
Hacia la reintroducción del lince europeo
Con independencia de la situación actual del lince europeo en los Pirineos, es indudable que la especie perteneció también a la fauna española de todo el norte peninsular hasta hace menos de un siglo, extinguiéndose en tiempos recientes, y que en los ecosistemas donde habitaba jugaba un papel importante que sería bueno restablecer. De la misma forma que se afrontan proyectos de reintroducción de otras especies, como el oso, el quebrantahuesos, o en un futuro próximo el del lince ibérico, en zonas de las que desaparecieron en el pasado reciente, también habría que plantearse la posibilidad de recuperar para España el lince europeo. Con ello aumentaría de nuevo nuestra riqueza natural, se favorecería la conservación de la especie en Europa Occidental y se establecerían de nuevo procesos ecológicos necesarios para la estabilidad y mantenimiento a largo plazo de los ecosistemas.
El lince europeo ya ha sido reintroducido exitosamente en otros lugares (aunque también ha habido fracasos), y el hábitat y la abundancia de presas tanto en el Pirineo como en la cordillera cantábrica son idóneos para acoger de nuevo con éxito al felino. El lince europeo vive preferentemente en medios forestales con abundancia de ungulados, asociados muchas veces a las áreas montañosas, en donde se alimenta sobre todo de corzos, rebecos, renos, cervatillos, etc. Si los ungulados no abundan sobreviven fundamentalmente gracias a las liebres y los roedores. Los requerimientos ecológicos de la especie parecen por tanto garantizados en el norte de España, y la predación sobre los ungulados ayudaría a regular en muchos lugares su excesiva abundancia, repercutiendo así también positivamente en la vegetación. La reintroducción del lince europeo ayudaría por tanto a restablecer un adecuado equilibrio ecológico.
No obstante, habría también que evaluar cuidadosamente algunos posibles efectos negativos. Por ejemplo habría que estudiar su impacto potencial sobre las poblaciones de especies amenazadas, como el urogallo o la liebre de piornal, sobre las que podría depredar. Además, los rebaños de ovejas serían susceptibles de sufrir ataques de vez en cuando, por lo que habría que afrontar la oposición de los ganaderos y compensar económicamente los posibles daños (que a juzgar por las experiencias de nuestros vecinos europeos no parecen excesivos). También, habría que considerar qué tipo de interacción podría tener el lince europeo en un futuro en el caso hipotético de que llegara a contactar con poblaciones de lince ibérico: ¿existiría riesgo de hibridación? ¿desplazaría el lince europeo al ibérico, más pequeño, afectando negativamente a sus poblaciones recuperadas? Dependiendo de los resultados de estas evaluaciones y de los costes que se esté dispuesto a asumir, sería posible que España pudiera contar de nuevo con una población importante de un magnífico animal, que al igual que otros grandes carnívoros fue exterminado sin razón, y cuya recuperación podría interpretarse incluso como un acto de pura justicia.
Autores: Lozano, Jorge; Cabezas-Díaz, Sara; Virgós, Emilio
Bibliografía
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Comentarios
Linces: duas espécies
Olá colegas
Muito interessante, o vosso artigo. De especial importância, seria a introdução dos genes desta população no pool genético da espécie. Isto poderia ser conseguido, como referis, a partir da reintrodução de animais criados em cativeiro, ou por recolha e integração das crias selvagens mais frágeis e com poucas possibilidades de sobrevivência, no programa ex-situ (claro que isto seria muito mais difícil, dada a raridade de indivíduos na zona).
Relativamente ao lince europeu, e no que refere à análise dos possíveis problemas de interacção deste felino com outras espécies, creio que, mais urgente do que prever a sua futura relação com o lince ibérico (distante desta área da Península), seria prever a sua relação com o lobo, largamente presente no norte e que recorre ao mesmo tipo de presas.
Parabéns por este alerta!
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